
(Tomado de la Revista Vitral)
Los dominicos nos congratulamos de poder celebrar el Centenario de la Orden en la perla del Caribe y del viaje que hemos realizado a través de la Historia de Cuba. Nos animó la afirmación de la exhortación apostólica Vita Consecrata: "Vosotros tenéis una historia gloriosa que contar" (VC. 110). Dos años largos ha durado nuestro recorrido y al finalizarlo puedo afirmar: Nuestra historia de Familia necesita ser conocida, escrita y contada.
Con devoción, gratitud y admiración contemplo a aquellos frailes dominicos que arribaron a Cuba en los comienzos del siglo XVI. Por Baracoa iniciaron su predicación itinerante, transitaron los caminos que cruzan la Isla desde Punta de Maisí al Cabo de San Antonio, sus pies de mendicantes dejaron huellas en su caminar y sus ojos pudieron admirar las recónditas bellezas, los sublimes paisajes, y también contemplar tristes realidades. En su corazón brotó la compasión y el compromiso de amor y ciencia.
El camino no lo hicieron en solitario, eligieron el itinerario por donde transitaban y vivían los nativos para intercambiar con ellos diálogo vivo, cálido y cordial, para poder aliviar sus pesares, iluminar sus andanzas y enderezarlos hacia la salvación. Se comprometieron con el aborigen y a su lado estuvieron hasta abolir la esclavitud. Bayamo, Guantánamo, Holguín, Santiago, Sancti Spíritus, Trinidad, Cienfuegos, La Habana y Guanajay, nos muestran cómo construyeron ingenios, abrieron escuelas y fundaron la Universidad de San Jerónimo. Llegaron a Cuba y estuvieron atentos a las necesidades del hombre cubano. "Su presencia ha sido tan decisiva que muchas páginas principales de la historia cubana existen porque ellos las escribieron"(S. Larrúa).
Apasionante, provocativa y desafiante es nuestra historia, tener conciencia de ella es parte integrante del dinamismo de nuestra vida actual y de la manera como seamos capaces de afrontar los retos del futuro cercano. El carisma dominicano tiene que expresarse en las actuales circunstancias del mundo, de la Iglesia, y de Cuba con un fuerte compromiso histórico, ya que es en la historia donde se va dibujando el compromiso apostólico.
Fue el Espíritu Santo quien les trajo y nos trajo y es que el "Espíritu sopla donde quiere y quiere soplar en Cuba." (Juan Pablo II). A él nos abrimos y queremos continuar haciendo y construyendo la historia, para no vivir de la historia, ni de historias, comprometidos con el futuro, "abriendo caminos de vida" y acompañando a esta generación, codo con codo con otros hombres y mujeres y en diálogo con otras culturas y creencias, es decir hoy la palabra más esencial de la fe en conjunción con lo más actual de la historia. Es así como la antorcha que de ellos recibimos no sólo MEMORIA sino PROYECTO.
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